viernes, 29 de diciembre de 2006

I

El día de San Esteban comí en casa de mi tía Julia. Las cosas no fueron demasiado bien. Sirva la narración de los siguientes acontecimientos como introducción a mi carácter y a mi forma de pensar.

Eran las 5 de la tarde. Toda la família se iba repantingando en sus sillas pertinentes con copas de alcohol en la mano y estómagos quejumbrosos por todo lo que habíamos comido. Mi tío Alfonso se tiraba eructo tras eructo y su mujer Luisa relataba animadamente la Noche Buena pasada con la família de su marido. Los miraba y me daban asco. Y ese odio y el exceso de alcohol me hicieron soltar lo que sentía sobre ellos: "Curiosamente esta familia de mentes privilegiadas os ha aceptado en su seno, que sepais que yo no estoy de acuerdo. Sois despreciables y como tal no os mereceis mi palabra".

Todos callaron en ese momento y en el salón solo resonó otro eructo, un eructo avergonzado. Mi madre rápidamente canvió de tema y yo me serví otro Martini y encendí un cigarro. Durante la tarde no se habló más del tema y no es necesario comentar que los eructos cesaron.

Soy Brian y esta es mi historia, esta es mi vida y este soy yo...

3 comentarios:

Esther del Campo dijo...

Las comidas navideñas son una puesta en escena de la hipocresía por actores amateurs.
P.D. En Madrid se celebra San Esteban?

aYDuX dijo...

No recuerdo que nadie te haya pedido opinión; ni siquiera que nadie te haya invitado a visitar mi blog. De hecho, nadie medianamente consecuente reincide en visitar cosas que "le rayan", así que, querido Brian, te invito a no volver.
P.D. No seré yo quien te diga si debes actualizar o no tus apasionantes historias sobre tío Alfonso y tía Luisa, pero estoy segura de que nos tienes a todos ansiosos.

Marduk dijo...

Estoy más que de acuerdo con Aydux. Creo que tienes un ligero problema con los términos sinceridad y buena educación. Lo achacaremos a la cantidades ingentes de alcohol digeridas, y a los efectos de un cerebro ( más que menos) obnubilado. Saludos a tío Alfonso y a tía Luisa.