Esta sociedad está poblada por algunas personas que no merecen vivir, o que merecerían otro tipo de existencia menos agradable. El bienestar económico y anímico de ciertas personas, ganado en un entorno débil moralmente, debería pertenecer a personas menos favorecidas económicamente pero más fuertes a un nivel interior y psicológico. Hay gente que lucha por sobrevivir y por salir adelante, mientras otros consiguen todo lo que quieren sin ningún esfuerzo.
Yo, Brian, y mi grupo de acólitos creemos que para que este país mejore debemos eliminar, o al menos, transformar, las bases normativas que permiten que esto suceda. Fomentar una meritocracia real y efectiva, que dé frutos solamente si hay esfuerzo y lucha por conseguirlos. Así daremos un nuevo paso hacia la perfección humana. Un nuevo amanecer, con fuegos artifificales, música y néctar de superioridad.
miércoles, 3 de enero de 2007
viernes, 29 de diciembre de 2006
I
El día de San Esteban comí en casa de mi tía Julia. Las cosas no fueron demasiado bien. Sirva la narración de los siguientes acontecimientos como introducción a mi carácter y a mi forma de pensar.
Eran las 5 de la tarde. Toda la família se iba repantingando en sus sillas pertinentes con copas de alcohol en la mano y estómagos quejumbrosos por todo lo que habíamos comido. Mi tío Alfonso se tiraba eructo tras eructo y su mujer Luisa relataba animadamente la Noche Buena pasada con la família de su marido. Los miraba y me daban asco. Y ese odio y el exceso de alcohol me hicieron soltar lo que sentía sobre ellos: "Curiosamente esta familia de mentes privilegiadas os ha aceptado en su seno, que sepais que yo no estoy de acuerdo. Sois despreciables y como tal no os mereceis mi palabra".
Todos callaron en ese momento y en el salón solo resonó otro eructo, un eructo avergonzado. Mi madre rápidamente canvió de tema y yo me serví otro Martini y encendí un cigarro. Durante la tarde no se habló más del tema y no es necesario comentar que los eructos cesaron.
Soy Brian y esta es mi historia, esta es mi vida y este soy yo...
Eran las 5 de la tarde. Toda la família se iba repantingando en sus sillas pertinentes con copas de alcohol en la mano y estómagos quejumbrosos por todo lo que habíamos comido. Mi tío Alfonso se tiraba eructo tras eructo y su mujer Luisa relataba animadamente la Noche Buena pasada con la família de su marido. Los miraba y me daban asco. Y ese odio y el exceso de alcohol me hicieron soltar lo que sentía sobre ellos: "Curiosamente esta familia de mentes privilegiadas os ha aceptado en su seno, que sepais que yo no estoy de acuerdo. Sois despreciables y como tal no os mereceis mi palabra".
Todos callaron en ese momento y en el salón solo resonó otro eructo, un eructo avergonzado. Mi madre rápidamente canvió de tema y yo me serví otro Martini y encendí un cigarro. Durante la tarde no se habló más del tema y no es necesario comentar que los eructos cesaron.
Soy Brian y esta es mi historia, esta es mi vida y este soy yo...
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